Un mar de lenguas

Ayer fue luna llena

La luna

by Jorge Luis Borges

(A María Kodama)

Hay tanta soledad en ese oro.
La luna de las noches no es la luna
que vio el primer Adán. Los largos siglos
de la vigilia humana la han colmado
de antiguo llanto. Mírala. Es tu espejo.

Una de mis deseos más simples siempre ha sido poder ver la luna desde la ventana de mi habitación. Aunque ahora que lo pienso no es tan simple. Cada vez se hace más difícil ver la luna cuando uno vive en la ciudad… De hecho cuando estaba buscando una casa nueva siempre pensaba en eso: quería que por mi ventana entrara la luna por la noche y el sol por la mañana. Al final lo conseguí aunque en realidad las dos habitaciones “mágicas” de mi nuevo ático que cumplen esas condiciones ahora están reservadas a mis dos huéspedes más queridos.  Al menos cuando me acuesto con ellos antes de que se queden dormidos les recuerdo que la luna está ahí, siempre, aunque no siempre la veamos y tiene influencia sobre nosotros. Hoy quiero dedicarle unos párrafos a ese satélite maravilloso que a veces me trastoca tanto .Están sacados del artículo “Influencia lunar…”

“De acuerdo a las creencias de los pueblos antiguos, la Luna era una presencia benéfica, cuya luz no sólo favorecía, sino que posibilitaba el crecimiento. Era la fuerza fertilizadora responsable de que las semillas germinaran, las plantas dieran fruto y los animales pudiesen concebir a sus vástagos. Se pensaba entonces que la mujer debía tener idéntica naturaleza, no sólo por su tendencia a “hincharse” igual que la Luna, sino que también por sus coincidentes ciclos menstruales. Tanta es la conexión entre Luna y mujer, que la palabra menstruación significa “cambio de Luna” incluso, en muchos idiomas, se denominan ambas con el mismo término. A través de la mitología, la Luna ha sido, como elemento “cósmico”, fuente de innumerables mitos y leyendas y ha simbolizado el principio pasivo pero fecundo de la vida. Este simbolismo impregnado de connotaciones maternales se encuentra presente en gran parte de las culturas, tanto orientales como occidentales. Para los incas, la Luna era entre otros símbolos la patrona de los alumbramientos; entre los mayas era símbolo de atracción sexual; los indios navajos creían que había más partos en Luna llena por la atracción que ésta ejercía sobre el líquido amniótico (2). De todos es sabido los consejos que se daban a las primigestas o los augurios sobre el sexo según la época del año o el estado de la Luna. ” Ya  hay muchos estudios de investigación que corroboran este hecho.

Estudios cientìficos han demostrado la influencia que la Luna y sus fases ejerce en nuestra vida diaria. La mayor parte de nuestro cuerpo està compuesta por agua, simplemente el adulto promedio tiene apròximadamente 5 litros de sangre, que no es otra cosa que lìquido. Si la Luna puede ejercer un enorme poder sobre las mareas en los oceanos, serìa ingenuo pensar que no ocurrirìa lo mismo con nosotros. Debido a los cambios en la atracción gravitatoria y las radiaciones que refleja, las fases de la Luna influyen en las mareas oceánicas, las temperaturas terrestres, el volumen de las lluvias, las tormentas eléctricas y los huracanes. Según una teoría, el satélite también altera los líquidos de nuestro cuerpo e influye en nuestra reproducción, carácter, violencia, estado de ánimo y salud. Pese a su relativa cercanía, en términos astronómicos, y a las misiones automáticas o tripuladas que la han observado o visitado, muchos aspectos de la Luna siguen envueltos en un misterio tan intenso como la oscuridad que baña su cara oculta. Todavía se debate la posibilidad de que en el fondo de los cráteres polares que no recibe nunca luz solar puedan existir apreciables cantidades de hielo, formado por el agua proveniente de los impactos de cometas, la cual podría sobrevivir en estos lugares extremadamente fríos durante muchos millones de años. … Pero hay un asunto que llama más la atención de la mayoría, por su halo legendario y su impacto sobre nuestras vidas: el presunto influjo de la Luna sobre las personas y los seres vivos. Aunque para la ciencia no hay suficientes datos que prueben que el satélite afecta el comportamiento y la vida humanos, las estadísticas, los testimonios y muchos expertos indican que los ciclos de esa esfera de roca llena de cráteres nos influyen.

Suben las mareas, hierve la sangre Por ejemplo, durante el plenilunio, los hospitales reciben más pacientes en urgencias, se cometen más crímenes, aumentan los incendios provocados, las falsas alarmas, los accidentes y los pirómanos están más activos. Pero, ¿pueden las evoluciones de una esfera de 3.500 kilómetros de diámetro, compuesta de roca reseca y llena de cráteres, que no tiene atmósfera y siempre muestra la misma cara, afectar la vida, los sentimientos y la mente de los más de 6 mil millones de personas que habitan un planeta muchas veces más voluminoso situado a 385 mil kilómetros de distancia?. Para algunos especialistas, la Luna no sólo moviliza periódicamente las aguas y tierras de nuestro planeta, sino también los sentimientos, ideas y acciones de sus habitantes. Según otros, la única influencia de la Luna sobre la Humanidad es cultural, al dar origen a infinidad de leyendas, mitos y obras de ciencia ficción e inspirar rituales religiosos y poemas románticos. .. Las investigaciones científicas y estadísticas han confirmado que debido a los cambios en la atracción gravitatoria y las radiaciones que refleja, las distintas fases de la Luna influyen en la altura de las mareas oceánicas, en las temperaturas terrestres, en el volumen de las precipitaciones, en el número de tormentas eléctricas y en la probabilidad de que se formen huracanes. También se ha comprobado que los ciclos lunares afectan los haces de energía que circulan por los aceleradores de partículas y producen deformaciones insignificantes en la corteza sólida del planeta, produciendo una especie de “micro-mareas terrestres”.

Luna y mujer, un mismo ciclo Sin la Luna no existiría la vida como se la conoce: además de influir en las migraciones de las aves y activar la reproducción de ciertas algas, la Luna ayuda a estabilizar la rotación de la Tierra, permitiendo las estaciones, que determinan los ciclos de muchas especies. También genera las mareas, permitiendo que se alimenten muchos animales de los restos que quedan al bajar las aguas. Pero, ¿ejerce la Luna algún efecto comprobado sobre la conducta, la salud, el carácter y la vida de los seres humanos?. Pese a su aura romántica y a su tradicional condición de “linterna de los enamorados”, la posible relación existente entre el astro personificado por la diosa griega Selene y los seres humanos no es precisamente una “luna de miel”. Y no sólo por su vínculo con las leyendas medievales de “hombres-lobo” o vampiros. Un momento especial es la luna llena, cuando, igual que sucede durante la luna nueva, el Sol, la Luna y la Tierra se ubican en una línea, y la gravedad solar se combina con la lunar. Entonces, algunos departamentos de policía informan de que se cometen más crímenes, algunos hospitales que reciben más pacientes en las salas de emergencia, los directores de personal más quejas de los empleados y los diarios y las revistas, más llamadas insólitas y de gente fastidiosa. Un informe del departamento de policía de Filadelfia (EUA), solicitaba a sus funcionarios que aumentasen la vigilancia durante las noches de luna llena porque “en esos días crece el número crímenes”, reflejando una creencia que comparten muchos policías en distintas ciudades, quienes no creen en la influencia lunar sobre cuchillos y gatillos, pero “que la hay, la hay”.

¿Existe el influjo lunar? Uno de los principales defensores de la influencia selenita es el psiquiatra estadounidense Arnold L. Lieber, quien en su famoso libro “El influjo de la Luna”, defiende que estadísticamente durante el plenilunio aumentan la violencia humana y hechos delictivos. Según Lieber, del mismo modo que la fuerza de gravedad de la Luna atrae y mueve las grandes masas de agua de nuestro planeta, produciendo las mareas, también desplaza el líquido del cuerpo humano, unos 40 ó 50 litros, que componen el 80% de nuestro organismo, ocasionándonos desde tensión en los tejidos e hinchazón, hasta una mayor irritabilidad nerviosa. La experta en criminología española Margarita Landi señala: “Durante mis más de cuarenta años como reportero de sucesos, he comprobado que los crímenes más cruentos fueron cometidos en noches de Luna, la cual parece ayudar a que se produzcan actos brutales y aberrantes de tipo impulsivo o pasional”. Otros expertos de EUA han encontrado que durante la Luna llena -y en menor medida, en la nueva- aumentan no sólo los crímenes violentos y delitos sexuales, sino también los ataques epilépticos, ingresos de pacientes psiquiátricos y suicidios. La relación de la Luna con la sangre no se limita a los delitos: también se han informado “correlaciones que superan los márgenes de lo casual” entre las fases lunares y el incremento de las hemorragias, las transfusiones sanguíneas y los infartos. Buena parte de la creencia en la influencia de la Luna sobre la reproducción humana se debe a que el ciclo lunar, de unos 27 a 29 días, se semeja al período menstrual de la mujer. Para los defensores de esta teoría, ello determina una relación de las distintas fases lunares con el ánimo y el deseo sexual femeninos, la cantidad de nacimientos y el sexo de los bebés. Se afirma que la luna llena activa la ovulación, acelera los partos, rige nuestros ritmos biológicos, tiene propiedades afrodisíacas e inquieta a los ansiosos o deprimidos, además de alterar el sueño.

Los calendarios primitivos eran principalmente calendarios lunares, es decir, los meses del año se contaban por ciclos completos de la Luna, por ejemplo, desde una luna nueva hasta la siguiente luna nueva. Una lunación dura, como promedio, 29 días, 12 horas y 44 minutos. Un año de 12 meses lunares es unos once días más corto que un año solar de 365 1/4 días. Las fases de la luna. Los cambios de las posiciones relativas de la Tierra, la Luna y el Sol producen las fases lunares. El porcentaje de la superficie lunar iluminada por el Sol que podemos ver desde la Tierra cambia, este ciclo se repite periódicamente cada 29,5 días.
Luna nueva: Cuando la Luna está en conjunción, su lado oscuro mira directamente hacia la Tierra, por lo cual debería resultar invisible. A pesar de esto, es posible observar el disco lunar a causa de la luz solar que la Tierra refleja sobre él.
Es la fase propicia para gestar, sembrar la idea en el interior, la esperanza, el deseo o la iniciativa concreta. Es el momento ideal para la meditación y la introspección. Es el mejor tiempo para iniciar nuevos proyectos, para comenzar cualquier tipo de cura depurativa; es la indicada en la agricultura para arar, podar, efectuar injertos, eliminar las hierbas parásitas o aplicar un tratamiento a una planta enferma.
Cuarto creciente: Los días que siguen a la Luna nueva, se suceden fases crecientes en las que el porcentaje iluminado de la cara visible de la Luna aumenta progresivamente, hasta llegar a verse iluminado la mitad del hemisferio lunar.
A medida que la luna va creciendo en luz, el organismo está más predispuesto a crecer y expandirse. Es el período de la acción.
En esta fase aquello que se ha sembrado está en desarrollo, toma impulso, se multiplica.
Luna llena: Las fases crecientes continúan aumentando hasta que la Tierra se encuentra entre la Luna y el Sol, lo que permite que desde la Tierra pueda verse iluminado la totalidad del hemisferio lunar
Es la fase de culminación y expresión. Los procesos se hallan en su máxima expresión
La luna, llena de luz, inquieta los ánimos, desata las emociones y el organismo tiende a alterarse con más facilidad.
Cuarto menguante: Son los días que siguen a la Luna llena, las fases menguantes en las que el porcentaje iluminado de la cara visible de la Luna disminuye progresivamente, hasta llegar a verse iluminado la mitad del hemisferio lunar.
Las fuerzas y las energías se vuelcan hacia el interior, un tiempo de disminución, es la oportunidad para la reflexión y la introspección,.
En esta fase la luna decrece en luz, influye en el cuerpo con la tendencia a desprenderse de todo lo que sobre: se facilita la eliminación de líquidos, grasas y toxinas, es buen periodo para comenzar una dieta de adelgazamiento o una cura de desintoxicación.
Y… vuelve a iniciarse el ciclo, las fases menguantes continúan aumentando hasta que una semana más tarde la Luna se encuentra nuevamente entre la Tierra y el Sol y entra una vez más en la fase de Luna nueva.

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