Un mar de lenguas

Sentirse viva


Hace unos días recordaba aquellos años en los que sólo le preocupaba saber si podría verle ese día. Lo que daría por volver a sentir esas mariposas en el estómago, esa adrenalina invadiendo cada una de tus células cuando sabía que estaban haciendo algo prohibido, perseguido, aun sabiendo que les vigilaban…. ¡qué felicidad y qué ingenuidad! Lo suyo fue ciertamente un amor fatal y sin futuro. Eso fue lo malo. No tenía futuro. Su corazón y sus impulsos controlaban cada uno de sus movimientos. Ella sin embargo comenzaba a ser la mujer calculadora que es ahora. Ese fue seguramente su error, mirar al futuro. Porque el futuro que veía con él no era el que quería para ella. Y en su caso primero era ella, segundo ella y por último ella. No obstante fue una lucha muy dura consigo misma porque se empeñaba en pensar que era posible que aquello no se acabase nunca, que le quisiera siempre con la misma intensidad con la que le quería y ella le quería, sin importarle absolutamente nada más.

Chico malo= problemas… pero cuánto le gustaba jugar a ser malos con él.. El problema es que para ella era un pasatiempo aislado y para él se convirtió en una forma de vida. No le estaba juzgando por ello. Era libre pero también eso le llevó a perder su libertad por un tiempo. Le recordaba como uno de los hombres más inteligentes que había conocido y eso que apenas había pasado por las aulas. Podía haber sido alguien grande y al mismo tiempo, también podía no haber sido él y entonces todo habría perdido la gracia.
Hace poco le sorprendió, es cierto. No se lo esperaba, es normal. Había pasado mucho tiempo, 20 años. Demasiado, desde que decidió que su camino era otro. Le añoraba de la misma manera que uno añora la juventud perdida, las ilusiones desvanecidas, los sueños rotos. Pensar en él en aquellos momentos duros era recordar que hubo un tiempo en el que soñaba constantemente despierta y que los sueños eran tantos y tan sugerentes que sólo quería estar sola para poder soñar despierta. Hoy sólo le quedaba mirar mar adentro y revivir aquellas sensaciones, mimar esos recuerdos para no olvidar que estamos vivos. Pero lo cierto es que no le ha olvidado por completo y sigue, como las estaciones, volviendo cada cierto tiempo a su memoria. Abraza esos recuerdos con cariño, los acuna y los acaricia porque le recuerdan lo que es estar viva. Eso, se lo enseñó él.

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